Prólogo

El Diccionario de la música española e hispanoamericana (DMEH) es una obra auspiciada por la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) y por el Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música (INAEM) del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte de España.

El objetivo de esta obra es recoger y analizar la cultura musical española e hispanoamericana, su historia, sus características, sus relaciones, sus medios y sus protagonistas. Es una primera tentativa de articular la compleja y vasta realidad musical hispana de modo racional y homogéneo, pero también un intento de interpretación de la historia en su significación social. El Diccionario pretende ser la summa de cuanto estos países han aportado a la cultura musical universal; unas músicas que han llegado como canto o danza, como rito o como culto, a través de una gran riqueza organológica, en expresiones de música académica o en las más recientes de la música urbana. En todos los casos, fruto de una simbiosis cultural, de múltiples interrelaciones provocadas por la diversidad étnica y por los variados contingentes migratorios que conforman la hispanidad. En este intercambio de influencias que han ido y venido de una orilla a otra del Atlántico se proyecta una herencia musical que esta obra analiza desde una dimensión científica. El Diccionario ratifica que más allá de la distancia, de los términos nacionales, de las fronteras que separan a Perú de Chile, o Argentina de Paraguay, y a todos de España, existe una comunidad espiritual y cultural que lo une y lo relaciona todo.

La publicación de diccionarios, enciclopedias o léxicos musicales se ha multiplicado en los últimos decenios como respuesta al fenómeno del amplio consumo de música propio de nuestro tiempo. Se ha incrementado el deseo de conocimiento de cualquier realidad musical y con ello la necesidad de ofrecer a un público cada vez más numeroso unas informaciones más completas y bien organizadas. Es cierto también que con estas publicaciones se pretende acortar la distancia que separaba los estudios musicológicos de las restantes ciencias humanísticas, lo que ha traído aparejado un incremento editorial en el campo de la música. El sentido contemporáneo de globalización con el que hoy se concibe la cultura hace imprescindible una obra que profundice en los músicos y las músicas de España e Hispanoamérica. Se trata de desvelar ese legado al que se refería el escritor mexicano Carlos Fuentes con el término de "herencia cultural" cuando la definía como «Lo que hemos creado con la mayor alegría, la mayor gravedad y el riesgo mayor. La cultura que hemos sido capaces de crear durante los pasados quinientos años, como descendientes de indios, negros y europeos en el Nuevo Mundo». El equipo director y coordinador del proyecto firmó en Caracas, en 1989, un manifiesto en el que se decía: «Declaramos nuestro más irrestricto apoyo a esta iniciativa, como un medio de integración y cooperación entre España y Latinoamérica, y como un valioso estímulo para la unidad y el desarrollo de la investigación y creación dentro del continente americano, que proyecte al mundo entero, en los albores del próximo siglo, las riquezas que se han cultivado en su suelo».

El Diccionario tiene una proyección universal y constituye una fuente de consulta obligada para los estudiosos de una realidad a la que pertenecen 20 países y cerca de 300 millones de habitantes. Al mismo tiempo, intenta recuperar un espacio para esas expresiones musicales, reivindicando el peso histórico que han tenido y pretende insertarlas con mayor fuerza en los medios de comunicación y difusión. El pasado es un punto de partida, pero ha de ser sobre todo la energía que da el conocimiento de la identidad de unas raíces comunes, la fuerza que estimule el futuro desarrollo y que tenga capacidad de proyectar nuestra cultura musical. Octavio Paz era consciente de ello cuando escribía: «Una civilización no es una esencia inmóvil, idéntica a sí misma siempre, es una sociedad habitada por la discordia y poseída por el deseo de restaurar la unidad; un espejo en el que al contemplarnos nos perdemos, y al perdernos nos recobramos».

Esta obra permite una amplia consulta relacionada con la música hispana y hace posible acceder a una información que es escasa o está ausente en otras obras de referencia internacionales. Desde esta perspectiva, el proyecto ha sido la aventura musicológica más audaz de los últimos tiempos y desde luego la más ambiciosa en el terreno de la colaboración entre España e Hispanoamérica. Así mismo responde al impulso dado, de diversos modos, por las Cumbres Iberoamericanas. La Segunda Cumbre Iberoamericana celebrada en Madrid el 23 y 24 de julio de 1995, señaló en las recomendaciones aparecidas en el apartado nº 24 sobre Educación y Modernización: «La conferencia toma nota del mensaje enviado por el foro de Ministros de Cultura y responsables de las políticas culturales de América Latina y del Caribe. Por ello alienta actuaciones en los siguientes sectores: coproducción cinematográfica, constitución de un mercado común del libro, libre circulación de bienes culturales..., cooperación entre Fundaciones Culturales y, en general, todo cuanto suponga estímulo al fortalecimiento de la industria cultural».

El Diccionario de la música española e hispanoamericana (DMEH) es una obra nueva, pero se siente heredera de otros diccionarios escritos en España e Hispanoamérica desde el siglo XIX, que rodeados de dificultades intentaron situar a nuestros músicos y música en el contexto universal. Cabe citar los diccionarios de Antonio Fargas y Soler, Biografías de los músicos más distinguidos de todos los países publicadas por La España Musical, publicado según Elías de Molíns en Barcelona, 1866; el de José Parada y Barreto, Diccionario técnico, histórico y biográfico de la música, Madrid, 1868; la obra de Baltasar Saldoni Diccionario biográfico-bibliográfico de efemérides de músicos españoles, Madrid, 1868; las Biografías y documentos sobre música y músicos españoles, de Francisco Asenjo Barbieri, y la inconclusa obra de Felipe Pedrell, Diccionario biográfico y bibliográfico de músicos y Escritores de Música españoles, Barcelona, 1894. Esta iniciativa de Pedrell fue seguida por otros diccionarios del siglo XX, de los que destacamos el dirigido por Jaime Pahissa, Diccionario de la música ilustrado, Barcelona 1927, enriquecido en 1947 como Diccionario enciclopédico de la música, y especialmente el Diccionario de la música Labor, iniciado por Joaquín Pena en 1940 y continuado por Higinio Anglés a partir de 1945. Pero también hay que hacer mención de los meritorios trabajos publicados en América, tanto los diccionarios específicos de cada nación, como los sectoriales o más generales, de manera especial el de Otto Mayer-Serra, publicado en 1947 con el título Música y músicos de latinoamérica. También se han tenido en cuenta los diccionarios y obras de alcance universal, desde la Biographie universelle des musiciens et bibliographie générale de la musique (1837-44) de François Joseph Fétis, a las más recientes The New Grove Dictionary of Music and Musicians, Die Musik in Geschichte und Gegenwark (MGG), y el Dizionario della musica e dei musicisti.

El Diccionario de la música española e hispanoamericana es una obra de carácter general, es decir, de personas y materias. Es español e hispanoamericano, con inclusión de los músicos nacidos o residentes en España e Hispanoamérica, y también de aquellas personas que, nacidas fuera de este ámbito geográfico, han colaborado con su actividad musical al desarrollo de la música en estos países. Es una obra científica, concebida y realizada con rigor metodológico y está ilustrada con un material gráfico que pretende ser una contribución más a la recuperación de esa imagen frecuentemente desconocida de nuestra música y nuestros músicos.

Está compuesto por unas 24.000 voces o entradas y se propone abarcar la totalidad de los conceptos de la música española e hispanoamericana. Trata de articular de modo racional y práctico los datos resultantes del análisis de la música y en ella todo lo que rodea al sonido -el aspecto acústico, el psicológico, el sociológico, las técnicas de comunicación, las funciones- meditando sobre lo permanente, analizando de forma crítica los "valores" y, finalmente, contemplando estos hechos como un bien que debe ser inventariado y catalogado.

El Diccionario es musicológico en su acepción más completa; una obra que tiene pretensiones de totalidad. Recoge los contenidos de la musicología histórica y la sistemática vista desde una perspectiva moderna. Han sido objeto de biografías los compositores, intérpretes, bailarines, musicólogos, pedagogos, libretistas, constructores de instrumentos, críticos y promotores de música, escenógrafos, editores y estampadores, tratadistas, coreógrafos, filósofos, científicos y empresarios, entre otras personalidades vinculadas a la vida musical. Destaca además en una cultura de gran diversidad, la presencia de todo lo relativo a la etnomusicología: ocupan un lugar preferente los lugares geográficos y grupos étnicos en relación con su música, sus géneros, instrumentos, ritos y estructuras rituales, danzas, agrupaciones musicales. Las voces de naturaleza léxica constituyen el tercer núcleo importante. Allí confluyen las relativas a la terminología musical, formas y géneros, especialmente de carácter hispano, tanto de connotación universal como regional, instrumentos y lugares, corrientes y períodos históricos, figuras coreográficas de la danza académica y popular, términos de danza, ballet y baile popular, métrica y géneros literarios, liturgia y acústica. Se incluyen además sociedades e instituciones, discografías, nombres de conjuntos de música contemporánea, agrupaciones e intérpretes populares, tanto urbanos como rurales, y expresiones características de la música pop, rock, jazz, copla, cuplé, entre otras músicas.

No se establecen discriminaciones entre las distintas clases de música. En la obra tienen un relieve especial las músicas tradicionales y populares sin las cuales no se pueden comprender muchos de los fenómenos de la música académica hispana. La música tradicional y la popular urbana, conocida como "ligera" o de "consumo", tanto de nuestro tiempo como del pasado, han sido tratadas con la misma profundidad que los maestros clásicos. Pero existen otras realidades a comentar. Se ha puesto especial énfasis en las manifestaciones musicales de nuestro tiempo, tanto de la música docta como de la popular. Por ello esta obra se constituye en un testimonio de la música contemporánea de notable inmediatez en sus aspectos creativos y de interpretación. Además se han incorporado numerosas investigaciones originales no presentes en ninguna otra obra de referencia.

El Diccionario de la música española e hispanoamericana no es sólo una obra para la comunidad musicológica, sino también para un ámbito académico y cultural más amplio. Ha sido posible gracias al esfuerzo de más de 600 colaboradores de diferentes latitudes y, especialmente, de los musicólogos que en cada país hispanoamericano se han encargado de su coordinación y realización. Los musicólogos hispanos, herederos de una notoria trayectoria científica, han puesto de manifiesto su preparación abriendo nuevos campos que han hecho posible el hallazgo, la catalogación y análisis de documentos y expresiones de la cultura musical hasta ahora poco estudiada y en no pocos casos desconocida. En este sentido, el Diccionario, además de sintetizar lo conocido hasta el presente, ofrece nuevos campos de investigación y análisis musicales y presenta nuevas generaciones de musicólogos a la comunidad musicológica internacional.

La obra se inició en 1988 en el departamento de Musicología de la Universidad de Oviedo con la búsqueda y organización de léxicos, repertorios bibliográficos y catálogos, entre otras fuentes. Este trabajo desembocó en el proyecto del Diccionario y en su aprobación definitiva por parte del Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música (INAEM) del Ministerio de Educación y Cultura de España y de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE), en cuyo edificio madrileño han estado las oficinas centrales del Diccionario. Un momento decisivo para la realización del proyecto fue la reunión efectuada en Caracas en 1989. Determinante para ello fue el apoyo recibido por la Fundación Vicente Emilio Sojo, en la cual por primera vez se reunieron todos los directores del Diccionario. Allí se definieron el carácter de la obra, sus objetivos y el calendario de elaboración. También es obligada la mención del papel desempeñado por diversas instituciones hispanoamericanas que acogieron el proyecto como propio y contribuyeron a su desarrollo. Entre ellas: Instituto Nacional de Musicología Carlos Vega (Argentina), Centro Portales de Cochabamba (Bolivia), Universidad de Chile, Instituto Colombiano de Cultura (Colcultura), Centro de Investigación y Desarrollo de la Música Cubana y Universidad Nacional Autónoma de México. El proceso de redacción de voces se concluyó en 1995 y la preparación de la edición comenzó en 1997 bajo la responsabilidad del Instituto Complutense de Ciencias Musicales (Madrid).

La obra ha sido dirigida y coordinada por el Dr. Emilio Casares Rodicio, catedrático de Musicología de la Universidad Complutense de Madrid. Colaboraron en la dirección D. Ismael Fernández de la Cuesta, catedrático de Musicología del Conservatorio de Madrid, y el Dr. José López-Calo, catedrático de Musicología de la Universidad de Santiago de Compostela, actuando como secretaria técnica María Luz González Peña, directora del Archivo de la SGAE. Cada país hispano ha tenido su propio director, elegido entre los más destacados musicólogos. Cada uno de ellos ha sido el responsable último del contenido sobre cada país que aparece en esta obra, de la elección de los colaboradores, así como del número de voces, su extensión y revisión preliminar. De esta forma, el Diccionario es una suma de dedicaciones nacionales. Han sido nombrados para esa función: Irma Ruiz, Argentina; Walter Sánchez, Bolivia; Luis Merino y Fernando García, Chile; Benjamín Yépez, Colombia; Jorge Luis Acevedo, Costa Rica; Victoria Eli Rodríguez, Cuba; Gerardo Guevara y Mario Godoy, Ecuador; Concepción de Guevara, El Salvador; Dieter Lehnhoff y Alfred Lemmon, Guatemala; Alfred Lemmon, Honduras; Jorge Velazco, México; Pablo Buitrago Molina, Nicaragua; Leslie R. George, Panamá; Luis Szarán, Paraguay; Juan Carlos Estenssoro, Perú; Donald Thompson, Puerto Rico; Margarita Luna, República Dominicana; Walter Guido y Hugo López Chirico, Uruguay, y José Peñín, Venezuela.

El equipo que a través del Instituto Complutense de Ciencias Musicales, se ha encargado del proceso editorial ha sido dirigido por Emilio Casares Rodicio, Victoria Eli Rodríguez y Benjamín Yépez, y ha estado integrado además por Yolanda Acker, Montserrat Bergadá, Judith Ortega, Cristina Bordas, Adelaida Muñoz  y Alfonso de Vicente. Emilio Casares Rodicio, Ana González Peña y Oliva García Balboa han sido los responsables de las ilustraciones y Juan Antonio Rodríguez Martín de los ejemplos musicales. El trabajo de redacción ha sido especialmente complejo, se ha realizado una elaboración del material, dándole unidad y sistematización habiendo sido necesario en muchos casos completar y actualizar biografías, catálogos, discografías y bibliografías. Una preocupación constante ha sido proporcionar al lector una obra práctica y clara, dentro de los límites impuestos por la complejidad de la materia, tanto más difícil cuanto más lejana en el tiempo y más variada, respetando y valorando las expresiones propias y particulares del lenguaje de cada nación.

El Diccionario de la música española e hispanoamericana aparece en un momento propicio, al borde del año 2000 y en el Primer Centenario de la institución que lo ha hecho posible, la Sociedad General de Autores y Editores de España. Como todas las obras pioneras, es una obra abierta y destinada a perfeccionarse en próximas ediciones. Como fruto de muchas voluntades y grandes esfuerzos musicológicos, tiene afán de continuidad, y esta continuidad nace unida al proyecto cultural de la SGAE y también a la propia fuerza que ha generado una aventura científica común desarrollada desde ambas orillas del Atlántico.

Emilio Casares Rodicio
Director del Instituto Complutense de Ciencias Musicales